Alguien me ha comentado hoy que había salido una nueva canción muy bonita. Al escucharla, noté que era la voz de The Corrs, efectivamente, se trata de la pequeña de los Corr, Andrea, que acaba de sacar disco en solitario. Al recordar la voz tan alegre que ella tiene, llena de matices, la otra persona me dijo que la canción se llamaba “Shame” (Vergüenza), lo que me lanzó directamente a buscar las “lyrics” en el Google, ya que no es un título muy acorde con la canción bailable que parecía ser.
En realidad, Andrea nos propone una reflexión ética sobre la guerra y la pérdida de vidas humanas, especialmente de gente muy joven, que se da constantemente en todos los conflictos del globo. ¿Era esto una canción protesta contra Blair y Bush o no? Ella lo niega, dice que es una crítica en general. De todos modos, me alegra que tenga la valentía de escribir una letra que vaya más allá de los típicos desamores estivales. A parte de eso, la canción suena muy bien, por lo que seguro que será todo un éxito.
Hace días que observo divertida cómo otros compañeros de andanzas en el mundo de los Edublogs reciben el meme-premio “Thinking Blogger”, que cada bloguero/a puede otorgar a los cinco blogs que le hacen pensar. ¡Menuda tarea! El caso es que acabo de encontrarme con que he entrado en la rueda, ya que Lucía ha tenido a bien reservarme un hueco en su listado, ¡¡muchas gracias!!.
Las normas de este meme-premio son las siguientes:
1.- Escribir un post con los 5 blogs que quieres premiar.
2.- Enlazar el post original para que la gente pueda encontrar el origen del premio.
3.- Mostrar el botón del premio Thinking Blogger, te lo has ganado.
Hay tantos blogs que leo con interés, que me resulta difícil hacer una selección, además sospecho que algunos ya han sido premiados, pero no veo que en las bases diga que no se puede ser premiado más de una vez, así que esta es mi lista:
1.Boulé. Uno de los edublogs para pensar más conocidos.
2.Rafael Robles. Además de filosofar, se puede aprender mucho sobre el mundo persa.
3.Las TIC en Plástica. Un lugar con mucho arte, ¡olé!
4.Iguales en las 3000. En pro de la igualdad y la diversidad.
5. Musical Blogies. Para aprender a disfrutar de la música.
Pensándolo bien, después de tantos años estudiando inglés, ya iba siendo hora de acercarse a conocer la capital británica. En origen, el viaje estaba planeado para Enero, pero diversas incidencias desafortundas lo pospusieron hasta Agosto, lo cual tiene sus ventajas ya que el tiempo ha sido caluroso y soleado.
Para el blog he seleccionado algunas fotos de interés cultural, como por ejemplo la estatua de Sherlock Holmes, que se encuentra de camino al Madame Tussaud’s, la figura de cera de Shakespeare en dicho museo y Voltaire inmortalizado también en cera. A continuación aparece el teatro Her Majesty’s, donde tuve la suerte de disfrutar de la puesta en escena de El fantasma de la Ópera, después el célebre Big Ben y la fachada del Museo Británico. En el museo se puede contemplar la piedra Rosetta (siempre que alguien te deje acercarse, porque ocurre como con la Gioconda, que tiene a una nube de personas rodeándola), un busto de Pericles, trozos del Partenón, momias egipcias y una gran carpa acristalada que pretende competir con el Louvre. Por último, las cabinas de la London Eye (con 135 metros de altura sobre el Támesis), el Puente de la Torre abierto para que pasara un barquito y una reproducción del famoso inodoro de Duchamp en la Tate Modern.
Esto es sólo una pequeña muestra de todo lo que habría que ver en Londres, pues la ciudad ofrece múltiples atracciones para los turistas. Como curiosidades voy a mencionar que los muñequitos verdes de los semáforos caminan hacia el lado opuesto a los españoles, y que los pasos de cebra no siempre se pintan completos, sino únicamente los bordes. También he notado la cantidad de veces al día que es posible escuchar la palabra “Sorry”, increíble. Algún camarero decía “sorry” tantas veces que daba hasta apuro.
En definitiva, una ciudad para volver, cosmopolita, amable, original… y cara.
Varias semanas de lectura de diferentes obras (sobre y por) el filósofo decimonónico Arthur Schopenhauer, han dado como resultado el que le dedique un artículo veraniego. De Schopenhauer llama la atención su estilo claro, con ejemplos cotidianos, así como el uso habitual de citas en latín, griego, inglés y francés, lo cual muestra no sólo su dominio de la cultura (adquirido en sus múltiples viajes), sino también su capacidad de relacionar a diferentes autores a la hora de tratar un tema.
Sobre su vida abundan las anécdotas. Hijo de comerciantes, pudo dedicarse a la filosofía tras la muerte de su padre. Con su madre, Johanna, tuvo varios enfrentamientos debidos, entre otras cosas, a que ella poseía un salón literario frecuentado por no pocos admiradores de renombre (incluido Goethe). Fue profesor en la Universidad de Berlín, donde Hegel le hacía sombra. Dos de sus grandes amores se llamaban “Carolina”, pero no se casó. Admiraba a Platón, a Kant y a Buda. Se ganó fama de poseer mal carácter (una vieja llegó a denunciarle por empujarla por unas escaleras) aunque adoraba a su perro de lanas. (También se ha ganado la fama de filósofo misógino, siendo fuente de inspiración para Nietzsche, que no se quedó atrás).
Su obra principal es El mundo como voluntad y representación. En ella, siguiendo a Kant, postula que no podemos conocer el mundo más que como se nos aparece, como fenómeno, como representación. Así, el mundo es como un sueño de nuestro cerebro. Sin embargo, el sabio, por medio de la instrospección, puede llegar a conocer una verdad que subyace en el mundo: la voluntad de vivir. Hay una fuerza, una energía, una voluntad, que lo alimenta todo. Lo malo es que a los humanos, ese deseo permanente de más cosas, nos lleva al sufrimiento. La vida es dolor, nunca estamos satisfechos, aspirar a la felicidad es un acto de ingenuidad. Como mucho, podemos aprender a sobrellevarla gracias al arte, en especial a la música. Otra opción para escapar al dolor es no desear nada, ser un asceta.
Estos planteamientos le han grangeado la etiqueta de “filósofo pesimista”, pero sus obras se leen con buen ánimo, quizás sea porque nos sonreímos al comprobar que no tiene reparos en insultar a quienes no le hacen gracia, o porque su forma de exponer es clara y ordenada. Para introducirse en este autor, lo mejor es coger una parte deParerga y Paralipomena, por ejemplo El arte de vivir bien, donde reflexiona sobre qué es más importante para vivir sosegadamente: lo que somos, lo que tenemos, o lo que representamos para los demás. ¿Cuál de las tres opciones creéis que defiende?
Citas:
Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre… La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. (…) Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir… Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas.
Los esfuerzos incesantes para desterrar el dolor no consiguen otra cosa que variar su figura: ésta es primordialmente carencia, necesidad, cuidados por la conservación de la vida. Al que tiene la fortuna de haber resuelto este problema, lo que pocas veces sucede, le sale de nuevo el dolor al paso en mil otras formas, distintas, según la edad y las circunstancias, como pasiones sexuales, amores desgraciados, envidia, celos, odios, terrores. Ambición, codicia enfermedades, etcétera. Y cuando no puede revestir otra forma toma el ropaje gris y tristón del fastidio y el aburrimiento, contra el cual tantas cosas se han inventado.
La vida es una guerra sin tregua, y se muere con las armas en la mano.
Imagen. Caricatura de Schopenhauer por David Smith.
Un ejemplo de canción que puede ilustrar el pensamiento de Schopenhauer es esta de Three Days Grace, llamada Pain. Aunque claro, canciones sobre el tema hay para dar y tomar, ¿acaso las hay que hablan de otra cosa?
Para terminar, Schopenhauer habla de la música:
La Músicajamás expresa el fenómeno, sino la esencia íntima, la raíz en sí del fenómeno, la voluntad misma. No expresa tal o cual placer, tal o cual aflicción, dolor, esfuerzo, júbilo, alegría o tranquilidad de espíritu; pinta el placer mismo, la aflicción misma y todos esos otros sentimientos, en abstracto, por decirlo así; nos da su esencia, sin nada accesorio, y, por consiguiente, si sus motivos. Y, sin embargo, la comprendemos perfectamente, aunque no nos ofrezca más que esta quintaesencia, tan sutil. (…) Esta estrecha relación entre la Música y la verdadera esencia de las cosas explica el hecho de que si en una escena cualquiera, en algún acontecimiento o en alguna circunstancia, oímos elevarse los sonidos de una música apropiada, ésta parece revelarnos la significación más oculta del suceso y darnos el comentario más exacto y más claro de él.
He estado echándole un ojo a unas conferencias del filósofo postmoderno J. F. Lyotard sobre la clásica pregunta ¿Por qué filosofar? De una lectura rápida destaco unas cuantas palabras suyas que me han gustado a la hora de iniciar, por ejemplo, un curso de Filosofia en 1º de Bachiller. He seleccionado unos cuantos párrafos. No os asustéis y leedlos, que no tienen desperdicio.
Un clásico que se reitera cada año al principio de curso es la creencia de que la filosofía es algo ajeno a la vida, veámoslo: Para la mayoría de la gente, para ustedes, la filosofía está ausente de sus preocupaciones, de sus estudios, de su vida. Incluso para el mismo filósofo, si tiene necesidad de ser continuamente recordada, restablecida, es porque se hunde, porque se le escapa entre los dedos, porque se sumerge. ¿Por qué pues filosofar en vez de no filosofar?
Claro que, como ocurre también con todos los cursos, al final nos damos cuenta de que esa primera impresión no era cierta: La filosofía tiene las mismas pasiones que todo el mundo, es la hija de su tiempo, como dice Hegel. (…) El filósofo no es un sujeto que se despierta y se dice: se han olvidado de pensar en Dios, en la historia, en el espacio, o en el ser; ¡tendré que ocuparme de ello! Semejante situación significaría que el filósofo es el inventor de sus problemas, y si fuera cierto nadie se reconocería ni encontraría valor en lo que dice. Ahora bien, incluso si la ilación entre el discurso filosófico y lo que sucede en el mundo desde hace siglos no se ve inmediatamente, todos sabemos que la ironía socrática, el diálogo platónico, la meditación cartesiana, la crítica kantiana, la dialéctica hegeliana, el movimiento marxista no han cesado de determinar nuestro destino y ahí están, unas junto a otras, en gruesas capas, en el subsuelo de nuestra cultura presente, y sabiendo que cada una de esas modalidades de la palabra filosófica ha representado un momento en el que Occidente buscaba decirse y comprenderse en su discurso. (…) Después de todo sabemos que estas filosofías pasadas no están abolidas, ya que seguimos oyéndolas y contestándolas.
Habiendo comprobado que las cuestiones filosóficas siguen ahí, se presenta la tarea de retomarlas: Debemos volver, por ejemplo, sobre el mensaje que nos envían los textos de Platón, descodificarlo y volverlo a codificar, hacerlo irreconocible, para llegar quizás a reconocer en él mismo el deseo de unidad que nosotros mismos experimentamos. Lyotard afirma que el hecho de que la historia de la filosofía presente cortes se debe a que no terminamos de dar con el sentido de todo, no comprendemos el mundo, la vida, etc., en ese sentido somos eternos principiantes. Siempre deseamos esclarecer lo que nos preocupa, es el deseo el que nos lleva a la reflexión.
Pero si queremos transformar el mundo (como decía Marx) no nos queda más remedio que comprenderlo: La filosofía puede parecer un adorno anquilosado, un pasatiempo de señorita de buena familia; la filosofía puede ser todo eso y lo es realmente; pero es o puede ser también ese momento en que el deseo que está en la realidad viene a sí mismo, ese momento en que la carencia que padecemos en cuanto individuos o en cuanto colectividad se nombra y al nombrarse se transforma. ¿Terminaremos algún día -dirán ustedes- de experimentar esas carencia? (…) ¿no sería lo más legítimo y razonable abandonar toda esperanza, volverse un estúpido?
En efecto, siempre hay quien no desea pensar mucho, basta con consumir los días del mejor modo, sin plantearse nada más. Pero Lyotard termina sus conferencias aportando una razón para filosofar, y le ha quedado tan poético, que no sería recomendable añadir nada más: He aquí, por qué filosofar: porque existe el deseo, porque hay ausencia en la presencia, muerte en lo vivo; y porque tenemos capacidad para articular lo que aún no lo está; y también porque existe la alienación, la pérdida de lo que se creía conseguido y la escisión entre lo hecho y el hacer, entre lo dicho y el decir; y finalmente porque no podemos evitar esto: atestiguar la presencia de la falta con la palabra. En verdad, ¿cómo no filosofar?
En previsión de que el tiempo no iba a mejorar, y comprobando que la sucesión de días idénticos empezaba a resultar demasiado aburrida, decidí apuntarme a un curso sobre el problema del Racismo, la xenofobia y la inmigración. Son temas que aparecen con frecuencia en los materiales para la asignatura de Ética, y también en la futura EpC, por lo que no está de más ponerse al día sobre estos asuntos.
En primer lugar asistí a una conferencia sobre el “Mito de la raza”, que consiste en creer que hay diferentes razas inmutables organizadas de forma jerárquica. Por lo que parece, aunque en el XIX personajes tan ilustres como Hume o Kant (entre otros muchos) estaban a favor de considerar a los negros como una raza inferior, hoy en día esto ya no se sostiene desde el punto de vista genético. En principio, porque todo el género humano procede de África (siendo las variaciones externas simples adaptaciones al medio), y en segundo término porque no hay genes que puedan establecer diferencias significativas entre poblaciones de distinto color de piel, ya que todas ellas comparten el 80% de la variación genética humana.
A continuación visionamos la película Do the right thing(Haz lo que debas) de Spike Lee. El ritmo del film puede resultar un tanto monótono porque algunas escenas son reiterativas, como si los acontecimientos formaran una especie de espiral que rueda con más fuerza a medida que avanza la acción. Narra la historia de Mookie, un joven poco dado a trabajar que está empleado de repartidor en una pizzería italiana de Brooklyn. En su barrio conviven grupos de diferente etnia y nacionalidad: italianos, coreanos, latino americanos y negros americanos. Todos ellos deben encontrar el modo de sobrellevar las fricciones motivadas por los estereotipos, los prejuicios o simplemente el temor a lo desconocido.
Sin embargo, el capricho en apariencia pueril de un personaje, que se empeña en que en la pizzería de Sal haya fotografías de famosos negros, desencadenará trágicos acontecimientos que destrozarán completamente el restaurante. Mookie, a quien su jefe había tratado con amplia condescendencia, termina lanzando un contenedor de basura al escaparate de la pizzería, provocando así una rebelión encarnizada contra “los blancos”. ¿Es ese hecho una defensa legítima o se dejó llevar por la furia? ¿Tiene la culpa el pizzero de semejante trifulca? ¿Cómo se podía haber evitado la pelea? Cuando la violencia se masca en el ambiente, la menor excusa la puede encender.
Parece que el curso será interesante.
P.D.: En la escena se ve al personaje de Mookie en debate dialéctico con el hijo mayor del pizzero, que es abiertamente racista. A continuación viene una serie de estereotipos a toda velocidad. Perdón por los exabruptos, pero la escena es algo cruda y no tengo a mano el “píiiiiiii” de la censura.
Dado que es verano, y no hay demasiados eventos académicos de los que hablar, me detendré a comentar un libro. Lo he estado leyendo estos días, aunque es cierto que no con demasiado interés, quizás porque otras lecturas más complejas me agotaban la mente, o puede que simplemente fuera por distracción. El caso es que comencé a leer la novelita El extranjero de Camus, que llevaba ya mucho tiempo sobre la mesilla de noche, amontonada con otras lecturas en espera de que me fijase en ella.
Hace años que quería leerla, pues siempre me ha gustado la corriente existencialista. No obstante, la comencé a mirar sin reparar en la introducción ni en notas aclaratorias, por lo que me parecía bastante estúpida. No me gustaba el protagonista (Mersault), por egoísta, por tonto, por insensible, por aburrido. Porque su vida era aplastantemente anodina, incluidos el entierro de su madre, sus flirteos con una novieta y su amiguete maltratador. Ay que ver, pensaba, qué tipo más plano, eso no es ataraxia, es que le falta sangre en las venas. En esas estaba, continuamente haciendo digresiones mentales, cuando “pum”, el prota se había cargado a un árabe y yo no sabía por qué.
Eso no fue lo peor, porque volviendo atrás la vista, comprobé que él tampoco lo sabía. Dado que se había convertido en un asesino, acabó en la cárcel, y ahí fue cuando verdaderamente la novela comenzó a gustarme. Al fin y al cabo, Mersault podía ser insensible, inmoral, un pasota del quince, pero no era tonto, pues un monólogo interior en el que describe con cuidado a cada persona que ve, no lo puede ejercitar cualquiera. Pese a todo, era inteligente. Me gustaron mucho sus reflexiones sobre el vivir preso, pues todos nos sentimos presos a veces, aunque no lo seamos físicamente. Un ejemplo de sus palabras:
Al comienzo de mi detención, lo que me resultó más duro fue tener pensamientos de hombre libre. Me ganaba el deseo, por ejemplo, de estar en una playa y bajar hacia el mar. Imaginaba el rumor de las primeras olas bajo la planta de mis pies, la entrada del cuerpo en el agua y su liberación en ella; de pronto sentía hasta qué punto se estrechaban los muros de mi celda. Esa fase duró algunos meses. Después, sólo tuve pensamientos de preso. Esperaba el paseo cotidiano en el patio o la visita de mi abogado. Organizaba muy bien el resto de mi tiempo. Pensé entonces, con frecuencia, que si me hubieran hecho vivir en un tronco de árbol seco, sin más ocupación que mirar la flor del cielo sobre mi cabeza, me habría habituado poco a poco. Habría esperado los vuelos de pájaros o los encuentros de nubes como esperaba aquí las curiosas corbatas de mi abogado y como, en otro mundo, aguardaba hasta el sábado para estrechar el cuerpo de Marie. Pero, pensándolo bien, no estaba en un árbol seco. Otros eran más desgraciados que yo. Era además una idea de mamá, y ella la repetía con frecuencia, decía que terminaba uno por acostumbrarse a todo.
Sobre Camus, el existencialismo, el absurdo y la carencia de valores se puede hablar largo y tendido. También sobre la crítica implícita a la pena de muerte, o sobre lo aterrador que resulta saber que muchas veces pensamos de manera tan egoísta o indolente como Mersault. Eso por no hablar de diversos dilemas morales que se plantean en el libro, y estaría bien tratar en clase de Ética. Pero me sigo quedando con el sentimiento de quien no sabe cómo salir de una situación, de modo que al final opta por resignarse, conformarse con las migajas de lo que podría ser su vida. ¿Es también ese un síntoma de la sociedad actual?
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